El complejo Beetrix

«¡Lo mío, por mí y para mí! Yo soy mi prójimo.» (Terencio)

Esta mañana, a las 9:15 llevé a Bela a la parada del autobús Freire a Santiago de Compostela, a donde, según me ha dicho, se va para coger otro autocar a Lisboa, su próximo destino.

Bela me escribió hace algo más de un mes para venir como voluntarie a casa. En esta época del año, los voluntarios (voy a usar el género masculino porque me da la gana) que vienen a ayudarnos se quedan con nosotros en casa porque A Casa do Río no es un espacio acondicionado para dormir en invierno, y a no ser que traigan furgo o autocaravana, preferimos que duerman arriba en la aldea. Además, en verano hay mucha más gente que en esta época, tanto arriba como abajo, en que no podemos alojar a tantos.

Quien me presentó a Bela, fue Beetrix, amiga de Ida, que a su vez es una de nuestras amistades más cercanas. was always engaged in humanitarian aid and migrant supporting work as well as climate and trans*queer activism and identify myself also as genderqurer. Me le presentó a través de Facebook, y, aunque con reticencias, decidí darle una oportunidad y que viniera a visitarnos. Se presentó como activista siempre involucrade en ayuda humanitaria y apoyo a los inmigrantes, además de activista por el clima y los derechos de la comunidad queer+trans, y añadió: «en este momento me defino como queer». Acordamos que vendría un día a vernos, y si nos parecía que podía ser de ayuda, se podría quedar unos días más, como cualquier otro voluntario. Pero insistí que era posible que no pudiésemos acogerle.

Así que un día me llama Bela por teléfono, que se define como activista y me dice que está en una granja de cáñamo en Cantabria, y que cuando termine allí su tiempo de voluntariado, le encantaría venir y conocernos. Le explico, como hago con todos los voluntarios antes de que vengan, que es necesario que tenga la voluntad de trabajar, que cuide del espacio en que duerme y lo mantenga limpio, y que trabajará -si decidimos acogerle, 5 horas al día 6 días a la semana, preferentemente por las mañanas.

Realmente es un momento en que necesitamos escoger muy bien a nuestros voluntarios porque la obra que tenemos en casa exige que puedan ayudar en tareas de mantenimiento y construcción. En otras ocasiones era suficiente con tener ganas y querer aprender, y sobre todo ser resolutivo, porque eso es suficiente para nuestro trabajo en la casa, la huerta, el invernadero, y con los animales. «Pero ahora no lo es». Explico. «De todos modos estaremos encantados de recibirte y conocerte. «

Pues bien, llega Bela: se trata de une chique alte, de cerca de 1.90m, rubie de 22 años, y que nos cae bastante bien, después de hablar un poco con elle. Habla muy poco español pero lo entiende bastante bien. Es de Berlín pero vive en Maastricht, donde estudia, y a causa del Covid-19, sus clases son online hasta principios del año que viene, por lo que ha decidido dedicar este tiempo a viajar. Lo primero que hace Davide es preguntarle cómo se define en cuestión de género. Bela responde que es no-binarie (de ahí que cuando hablemos de elle terminemos con -e). Cuando le pregunto qué opinan sus padres de esto, me dice que les sorprendió bastante y no lo entendían muy bien, a pesar de que pertenecen ambos al colectivo intelectual feminista de Berlín, y tienen muchos amigos queer. Yo le digo que me gusta que existan personas como elle, no-binaries, porque me parece importante para la educación de la sociedad en general, que la gente entienda que el género no tiene por qué ser binario nos ayuda a todos a ser más abiertos y respetuosos.

Bela me dice que necesita estudiar y trabajar en su ordenador unas horas al día, así que acordamos que dedicará las mañanas a ayudarnos. Cuando trabajo con él en el jardín, a menudo le sorprendo inmerso en su móvil, lo cual encuentro algo frustrante. También, y siento generalizar, igual que otros jóvenes de su generación, le cuesta sobremanera mantener la atención en algo: enseguida dan por hecho que han terminado el trabajo y quieren ponerse con otra cosa, con lo que van dejando un rastro de tareas a medias. De todos modos, acabamos la jornada y me siento satisfecho del trabajo. Pero hablo con Jaime y Davide y me dicen que ellos no le han visto mucho interés en colaborar…

De todos modos Bela sigue en casa hasta completar una semana. Él mismo me dice que se va a marchar el jueves por la mañana. Ayer miércoles llego a casa de trabajar y Bela no está. Cuando nos sentamos a cenar pregunto qué ha pasado con él y Davide me dice que en todo el día no ha colaborado en nada, y que hace un rato salió a pasear y no ha vuelto aún. Así que cenamos. Cuando ya estamos acabando, llega elle y Davide le dice que no son horas. Pero aún así le sirve la cena. Y luego se pone a tocar la guitarra y cantar. Yo me ausento para esto, porque no me apetece entretener a alguien tan desagradecido, la verdad.

Ya entrada la noche, bajo a la cocina y sorprendo a Bela in fraganti cogiendo comida de las estanterías, cocinando y guardándola en botes. Le pregunto: «¿estás cocinando a estas horas?» Me responde que sólo está preparando algunas cosas para llevar mañana en su viaje. Obviamente, me enfado y le digo que no está bien coger comida de nuestra cocina, y que hubiese sido tan fácil como pedirnos permiso para hacerlo… Me responde, ruborizade: «sólo he cogido una cebolla y una patata». Miro a la encimera, donde hay un bote lleno de frutos secos, cereales etc… ¡de nuestra despensa! y le digo simplemente que creo que no es forma de agradecernos nuestra hospitalidad. Sin más me voy de la cocina deseándole buenas noches.

Hoy, llevándole en coche a Palas de Rei, pienso en su amiga Beetrix. Beetrix es como la llama Ida, y por eso la lamamos así. En realidad se llama Beatriz, es portuguesa y vivía en Holanda hasta hace poco, donde era compañera de piso de este chique, Bela. Beetrix es, según nos contó Ida después de presentárnosla en el Festival de Músicas do Mundo de Sines, hija de los dueños de la mayor empresa de plásticos en Portugal. Al parecer su familia vive en una gran mansión. Pero lo que más nos sorprendió de lo que Ida nos contó es que Beetrix, efectivamente, compartía piso con estudiantes en Holanda y hacía dumpster-diving para comer, es decir, iba a coger comida en los contenedores, o restos de comida de mercados y supermercados. Nada en contra de esto, tampoco, pero las dos cosas juntas nos parecen un despropósito total. Además de que Beetrix, que llegó a Sines en su cochazo, no tuvo ningún reparo en quedarse a dormir en nuestro cuarto las dos noches que estuvo en Sines… A esta gran paradoja de personalidad he decidido llamarla «complejo Beetrix». El mismo complejo que, por lo que sé, tiene nuestre amigue Bela, cuyos padres son psiquiatras de éxito especializados en diversidad sexual y disforia de género.

Me despedí con otra Bronca de Bela, y a pesar de ello, elle me respondió con media sonrisa y sus mejores deseos. A lo que respondí igualmente.

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